
La vida por fases: no todo tiene que suceder al mismo tiempo
Hay una etapa de la vida en la que creemos que podemos con todo. Asumimos compromisos, emprendemos proyectos, atendemos responsabilidades y queremos resolverlo todo al mismo tiempo.
Con los años, sin embargo, comenzamos a comprender que la vida tiene fases y que cada una tiene su propio ritmo.
También cambia nuestra energía. Quizás seguimos teniendo los mismos deseos, los mismos proyectos y las mismas ganas de hacer cosas, pero ya no contamos con el mismo vigor para realizarlas todas de una vez. Y aceptar esa realidad no significa rendirse. Significa conocernos mejor.
A veces tendremos que avanzar poco a poco. Un proyecto por etapas, una tarea a la vez, un compromiso después de otro.
Porque no todo lo que queremos hacer tiene que hacerse ahora.
También existe sabiduría en esperar, en dejar algo para después y en reconocer que descansar no significa abandonar.
La vida no es una carrera en la que debemos llegar a todo al mismo tiempo. Es un camino formado por etapas. Algunas serán intensas; otras requerirán paciencia. Algunas nos pedirán mucho y otras nos permitirán recuperar fuerzas.
Quizás madurar sea aprender a no exigirle a una etapa lo que corresponde a otra.
Y entender, finalmente, que avanzar despacio sigue siendo avanzar.
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