
Inteligencia artificial y conocimiento humano: la verdadera lección detrás del caso de la UNAM
La inteligencia artificial no va a desaparecer. Por el contrario, seguirá avanzando y transformando nuestra manera de estudiar, trabajar, investigar y crear. El verdadero desafío no consiste en alejarnos de ella, sino en aprender a utilizarla sin renunciar a nuestro conocimiento, nuestro criterio y nuestra responsabilidad como seres humanos.
Una universidad frente a un nuevo desafío
En 2026, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) decidió realizar por primera vez en línea su examen de admisión a licenciatura. La decisión representaba un paso importante hacia la modernización de uno de los procesos educativos más relevantes de la institución.
La evaluación contó con sistemas tecnológicos destinados a verificar la identidad de los aspirantes, monitorear el entorno y generar alertas ante posibles incidencias. La propia universidad explicó que la inteligencia artificial utilizada durante el proceso no tomaba automáticamente la decisión de cancelar o invalidar un examen: generaba alertas que posteriormente eran revisadas por personal universitario.
Sin embargo, después de la aplicación del examen surgieron cuestionamientos sobre determinados resultados y sobre posibles irregularidades.
La UNAM creó entonces una comisión técnica integrada por especialistas de distintas disciplinas para revisar el procedimiento, los datos y los resultados del proceso de selección.
Posteriormente, la universidad informó que había presentado una denuncia penal debido a determinadas conductas que, según su comunicado, podrían constituir prácticas ilegales de personas o empresas que habrían engañado a familias y vendido servicios fraudulentos para sustentar el examen.
Este último punto merece una precisión importante.
Usar inteligencia artificial no equivale a cometer un delito
En medio de la discusión pública sobre este caso es fundamental no caer en una conclusión equivocada: la inteligencia artificial no es, por sí misma, una conducta ilícita.
Una herramienta tecnológica puede utilizarse de múltiples maneras.
Puede servir para estudiar un concepto, organizar información, mejorar la redacción, traducir un texto, generar ideas, resumir contenidos, encontrar diferentes formas de explicar un tema o apoyar una investigación.
También puede incorporarse a procesos profesionales e institucionales.
Lo jurídicamente relevante no es simplemente preguntarnos si se utilizó IA, sino para qué se utilizó, cómo se utilizó, bajo qué reglas y cuál fue la conducta concreta de la persona que la empleó.
En el caso de la UNAM, la denuncia anunciada por la institución se relaciona con conductas que la universidad consideró susceptibles de investigación penal, no con una afirmación general de que utilizar inteligencia artificial sea un delito.
Esta distinción es esencial.
De lo contrario, podríamos terminar construyendo una idea equivocada y peligrosa: que toda persona que utilice IA para estudiar, escribir o trabajar está haciendo algo indebido.
No es así.
El verdadero debate es otro.
La pregunta no es si utilizamos IA, sino qué hacemos con ella
La inteligencia artificial puede producir en segundos un texto, una explicación, una estructura, una propuesta o diferentes alternativas para resolver un problema.
Pero existe una diferencia fundamental entre obtener una respuesta y comprenderla.
Una persona puede pedirle a una herramienta de IA que explique una institución jurídica y recibir una respuesta aparentemente correcta.
Pero si esa persona no comprende el concepto, no sabe verificarlo, no puede identificar un error, no puede relacionarlo con el caso concreto y tampoco puede explicar por qué acepta o rechaza la respuesta obtenida, entonces la herramienta terminó sustituyendo su propio proceso intelectual.
Ahí está uno de los grandes desafíos de nuestra época.
La IA puede colaborar con nuestro conocimiento, pero no debería convertirse en sustituta de nuestra capacidad de pensar.
El aporte humano: ese pequeño gran detalle
Quizás una de las mejores maneras de entender nuestra relación con la inteligencia artificial sea pensar en ella como una herramienta de colaboración.
Le damos una instrucción.
La herramienta genera un resultado.
Y allí comienza, no necesariamente termina, nuestro trabajo.
Podemos leerlo.
Analizarlo.
Contrastar la información.
Corregirlo.
Modificarlo.
Agregar nuestra experiencia.
Incorporar nuestro propio criterio.
Eliminar aquello con lo que no estamos de acuerdo.
Buscar fuentes.
Plantear nuevas preguntas.
Cambiar la estructura.
Adaptar el lenguaje.
Y, finalmente, hacer nuestro el resultado desde una perspectiva intelectual y responsable.
Ese proceso constituye nuestro aporte humano.
No se trata de ocultar que utilizamos una herramienta.
Se trata de no permitir que la herramienta nos quite aquello que precisamente nos convierte en autores, profesionales, estudiantes, investigadores o ciudadanos capaces de tomar decisiones.
La IA no elimina al autor
Este planteamiento resulta especialmente importante cuando hablamos de escritura.
Utilizar una herramienta de inteligencia artificial para mejorar la redacción de un artículo no significa necesariamente que la persona haya dejado de aportar intelectualmente.
Si alguien proporciona el tema, establece los objetivos, plantea las ideas, analiza la información, selecciona lo relevante, verifica las fuentes, corrige las afirmaciones, incorpora su experiencia y decide qué debe permanecer y qué debe eliminarse, existe un proceso humano detrás del resultado.
La IA puede ayudar a expresar una idea.
Pero la responsabilidad sobre la idea, su contenido y su utilización no desaparece por haber utilizado una herramienta tecnológica.
Por eso, quizá deberíamos dejar de preguntarnos exclusivamente:
“¿Utilizó IA?”
Y empezar a preguntar:
“¿Qué aportó la persona?”
Esa segunda pregunta es mucho más importante.
Del estudiante al profesional: comprender sigue siendo indispensable
El problema se vuelve todavía más evidente en la educación.
Si un estudiante utiliza IA para que le explique un concepto y posteriormente estudia, contrasta la información y logra comprenderla, la herramienta puede haber contribuido positivamente a su aprendizaje.
Pero si utiliza la herramienta para producir una respuesta que posteriormente presenta como propia sin comprenderla, el problema ya no está en la existencia de la IA.
Está en que el resultado no representa realmente su conocimiento.
Y esta diferencia también existe en el mundo profesional.
Un abogado puede utilizar IA para organizar información o mejorar la claridad de un texto.
Un docente puede utilizarla para preparar materiales.
Un investigador puede emplearla para organizar grandes cantidades de información.
Una institución puede incorporarla para facilitar determinados servicios.
Pero en todos esos casos permanece una pregunta fundamental:
¿Quién está pensando, verificando y respondiendo por el resultado?
La respuesta debe seguir siendo: la persona.
Panamá ya está entrando en esta realidad
Esta reflexión no pertenece únicamente al ámbito universitario mexicano.
En Panamá, el propio Órgano Judicial ya está incorporando herramientas de inteligencia artificial en determinados procesos de formación y comunicación jurídica.
En marzo de 2026, el Instituto Superior de la Judicatura de Panamá (ISJUP) presentó ISJUP-IA, un asistente basado en inteligencia artificial generativa destinado a apoyar la formación de estudiantes, funcionarios judiciales, docentes y profesionales del derecho.
La herramienta fue diseñada para trabajar con fuentes verificadas y contenidos oficiales, y el Órgano Judicial destacó aspectos como el rigor, la trazabilidad, la confiabilidad y la protección de datos.
Es decir, una institución vinculada directamente con la administración de justicia panameña no está planteando la inteligencia artificial simplemente como una amenaza que deba evitarse.
Está incorporándola como herramienta de apoyo.
Y esto es significativo.
Inteligencia artificial y lenguaje claro: una experiencia panameña
El vínculo entre IA y actividad jurídica también se ha manifestado en el ámbito del lenguaje claro.
En mayo de 2026, el Órgano Judicial de Panamá participó en la reunión preparatoria de la III Convención de la Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible, cuyo lema fue precisamente “Lenguaje claro y accesible e inteligencia artificial”.
Durante ese encuentro fueron reconocidos, entre otros proyectos panameños, los esfuerzos relacionados con la utilización de inteligencia artificial para elaborar resúmenes en lenguaje claro de resoluciones judiciales.
El ejemplo resulta revelador.
Si una herramienta tecnológica puede contribuir a que una resolución jurídica sea comprendida de manera más sencilla por la ciudadanía, estamos ante una utilización de la tecnología que puede tener un valor social importante.
Pero la herramienta no sustituye el contenido jurídico de la resolución ni la responsabilidad de quienes intervienen en ella.
La tecnología facilita; el ser humano decide, supervisa y responde.
El verdadero peligro no es la IA: es dejar de pensar
Quizás este sea uno de los puntos más importantes que podemos extraer de la controversia de la UNAM.
El problema no consiste en que las máquinas sean cada vez más capaces.
El problema aparecería si nosotros, precisamente por disponer de herramientas cada vez más capaces, comenzáramos a desarrollar cada vez menos nuestra propia capacidad intelectual.
La tecnología puede ahorrarnos tiempo.
Puede ayudarnos a descubrir nuevas posibilidades.
Puede mostrarnos una perspectiva que no habíamos considerado.
Puede incluso enseñarnos.
Pero no debería llevarnos a renunciar a nuestra curiosidad, nuestro análisis, nuestra capacidad crítica ni nuestra responsabilidad.
Porque una herramienta puede generar una respuesta.
Pero somos nosotros quienes debemos decidir si esa respuesta tiene sentido.
¿Qué significa ser autor en la era de la IA?
La inteligencia artificial también está obligándonos a replantear el concepto de autor.
Durante mucho tiempo, asociamos la autoría con la producción directa de cada palabra, cada frase o cada elemento de una obra.
Ahora tenemos herramientas capaces de colaborar en esa producción.
Pero la autoría humana no tiene por qué desaparecer.
Puede encontrarse precisamente en aquello que la persona aporta al proceso: la intención, el conocimiento previo, las instrucciones, la selección, el criterio, la revisión, la transformación, la experiencia y la decisión final.
Una persona puede recibir diez propuestas generadas por una IA y descartar nueve.
Puede modificar completamente la décima.
Puede incorporar sus propias ideas.
Puede contrastar las fuentes.
Puede cambiar el enfoque.
Puede añadir una experiencia profesional que ninguna herramienta conoce de la misma manera.
Puede cuestionar la respuesta obtenida.
Ese proceso también es creación.
Por eso, el futuro no debería plantearse necesariamente como una lucha entre “contenido generado por IA” y “contenido generado por humanos”.
Tal vez el verdadero desafío sea aprender a distinguir entre utilizar IA como herramienta y renunciar a nuestro propio pensamiento en favor de ella.
Adaptarnos sin entregar nuestro conocimiento
La inteligencia artificial continuará evolucionando.
Llegarán herramientas más rápidas, más precisas y capaces de realizar tareas que hoy todavía requieren una importante intervención humana.
Intentar detener ese avance probablemente no sea la respuesta.
La respuesta está en aprender a convivir con la tecnología sin entregar nuestra autonomía intelectual.
Debemos aprender a formular mejores preguntas.
A verificar las respuestas.
A contrastar las fuentes.
A reconocer errores.
A proteger la información.
A utilizar responsablemente los resultados.
A comprender aquello que presentamos como propio.
Y, sobre todo, a mantener la capacidad de explicar y defender nuestras decisiones.
Porque mientras podamos hacer eso, la tecnología seguirá siendo una herramienta a nuestro servicio y no un sustituto de nuestra capacidad de pensar.
La lección de la UNAM
La controversia alrededor del examen de admisión de la UNAM puede dejar una enseñanza mucho más amplia que la discusión sobre si los exámenes deben realizarse en línea o presencialmente.
Nos recuerda que la educación debe adaptarse a la nueva realidad tecnológica.
Pero también nos recuerda que evaluar no consiste únicamente en comprobar si alguien puede obtener una respuesta.
Debemos comprobar si comprende.
Si razona.
Si puede aplicar lo aprendido.
Si puede explicar sus decisiones.
Si puede defender sus argumentos.
Y si posee la capacidad de utilizar las herramientas tecnológicas sin dejar que estas sustituyan su propio aprendizaje.
La inteligencia artificial no va a desaparecer.
Va a avanzar.
La pregunta, entonces, no es si vamos a utilizarla.
La pregunta es cómo vamos a utilizarla sin dejar de ser dueños de nuestro conocimiento y de nuestra capacidad intelectual.
Quizás allí se encuentre la verdadera competencia que tendremos que enseñar a las nuevas generaciones:
no competir contra la inteligencia artificial, sino aprender a trabajar con ella conservando aquello que ninguna herramienta debería quitarnos: nuestro criterio, nuestra responsabilidad y nuestra capacidad humana de pensar.
Conclusión
La IA puede escribir con nosotros.
Puede investigar con nosotros.
Puede estudiar con nosotros.
Puede ayudarnos a trabajar.
Puede incluso mostrarnos caminos que no habíamos imaginado.
Pero hay algo que no deberíamos delegar:
la responsabilidad de pensar.
Porque utilizar inteligencia artificial no debería significar dejar de aportar.
Al contrario.
Cuanto más poderosa sea la herramienta, mayor debe ser nuestro aporte humano.
Y quizá ese sea el verdadero reto de esta nueva era: aprender a utilizar la inteligencia artificial sin dejar que ella sustituya nuestra propia inteligencia.
Fuentes consultadas
Fuentes oficiales
- Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Comunicado sobre acciones legales, 6 de julio de 2026. LA UNAM INFORMA LA SUSPENSIÓN PROVISIONAL DE LAS INSCRIPCIONES PARA EL PRIMER INGRESO A LAS LICENCIATURAS
- UNAM – Dirección General de Comunicación Social. Comunicados relacionados con el proceso de admisión 2026, incluyendo la revisión técnica del proceso y las medidas adoptadas posteriormente. COMUNICADO SOBRE ACCIONES LEGALES
- Órgano Judicial de Panamá. ISJUP implementa uso de Inteligencia Artificial en sus cursos de formación a través de fuentes seguras y verificables. Órgano Judicial
- Órgano Judicial de Panamá. Reconocen aportes del Órgano Judicial en reunión preparatoria de la Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible. Órgano Judicial
Fuentes periodísticas
- El País México. Examen de ingreso a la UNAM 2026: las claves para entender la polémica por fraude con IA y qué va a pasar con los aspirantes. Examen de ingreso a la UNAM 2026: las claves para entender la polémica por fraude con IA y qué va a pasar con los aspirantes | EL PAÍS México
- El País México. Examen de control UNAM: quiénes deberán repetir la prueba de ingreso, fechas y sedes de aplicación. Examen de control UNAM: quiénes deberán repetir la prueba de ingreso, fechas y sedes de aplicación | EL PAÍS México
- Expansión Política. “Quedé en medicina; gracias, ChatGPT”: aspirantes aceptan que usaron IA para responder el examen de la UNAM 2026. “Quedé en medicina; gracias, ChatGPT”: aspirantes aceptan que usaron IA en el examen de la UNAM 2026
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