
¿Qué pasa cuando la máxima casa de estudios de una provincia acepta lo que nadie más acepta?
En los pasillos de la UNACHI se corrió la voz: «estudia en Hawái, es fácil, es barato y te dan el aumento». Cientos de docentes lo hicieron, la Universidad les selló los documentos, les dio el ascenso y les pagó por años. Hoy, el sueño se convirtió en pesadilla legal: títulos anulados, sueldos recortados y denuncias por peculado en la Fiscalía.
Pero aquí surge la pregunta que nadie quiere responder:¿De quién es la culpa realmente?
- ¿Es del docente que, buscando mejorar su salario, confió en lo que sus propios jefes le aceptaron?
- ¿O es de una administración que, a diferencia de la Universidad de Panamá, abrió la puerta a diplomas sin acreditación real?
¿Es justo que ahora, años después, se les trate como delincuentes por un error que la propia institución validó? ¿O es que el «así es el panameño» nos salió demasiado caro a todos? ¿Víctimas de la administración o cómplices de un sistema fallido?
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