Cuando pocos gobiernan con miedo y muchos sobreviven en silencio. Poder, obediencia y sufrimiento humano desde la historia, la neurociencia y la psicología social.

Autora: Dra. Ajoort Lezcano Pomares

Fecha de publicación: 21 de enero de 2026

Resumen

A lo largo de la historia, múltiples sociedades han experimentado regímenes de poder sostenidos mediante el miedo, la obediencia forzada y la deshumanización progresiva de la población. Este artículo analiza por qué sistemas profundamente opresivos pueden persistir incluso cuando la mayoría de los individuos no poseen una inclinación natural hacia la crueldad. A partir de un enfoque interdisciplinario que integra historia política, neurociencia y psicología social, se examinan casos contemporáneos y pasados —desde Corea del Norte hasta el nazismo y el estalinismo— para identificar los mecanismos estructurales, cognitivos y sociales que permiten la normalización del sufrimiento colectivo. Se sostiene que el autoritarismo no depende únicamente de líderes individuales, sino de sistemas que convierten el miedo en norma y la obediencia en estrategia de supervivencia.

Palabras clave: autoritarismo, miedo social, obediencia, neurociencia del miedo, psicología social, poder político.

1. Introducción: la paradoja del sufrimiento humano

La historia de la humanidad no está escrita únicamente por avances científicos o gestas heroicas. Está atravesada de forma recurrente por una paradoja inquietante: mientras la mayoría de los seres humanos aspira a una vida pacífica y digna, pequeños grupos concentran el poder suficiente para generar sufrimiento masivo.

La pregunta central que guía este trabajo no es nueva, pero sigue siendo urgente:
¿cómo es posible que sistemas profundamente crueles persistan si la mayoría de las personas no lo son?

Responder a esta cuestión exige ir más allá del análisis de líderes individuales y examinar las estructuras de poder, los procesos históricos y los límites del cerebro humano bajo amenaza constante.

2. El poder estratégico en el mundo contemporáneo: Groenlandia como símbolo

El interés geopolítico de potencias como Estados Unidos, Rusia y China por Groenlandia no constituye una excentricidad diplomática, sino un reflejo de las dinámicas de poder del mundo actual. En este territorio convergen factores estratégicos clave:

  • Acceso a recursos naturales escasos
  • Control de futuras rutas comerciales
  • Ventaja militar en un contexto de cambio climático acelerado

Groenlandia simboliza una lógica histórica recurrente: el territorio como objeto de deseo estratégico, valorado no por sus habitantes, sino por su posición. Esta lógica se repite desde el colonialismo africano hasta la Guerra Fría y, actualmente, en el Ártico.

Cuando el poder identifica un punto estratégico, la ética suele quedar subordinada a la conveniencia.

3. Corea del Norte: cuando el miedo sustituye a la ley

El envío de familias enteras —incluidos niños— a campos de prisioneros por no cumplir rituales simbólicos de lealtad al líder no representa una anomalía aislada, sino la expresión extrema del totalitarismo.

En este tipo de sistemas no gobierna únicamente un individuo, sino una estructura basada en el culto a la personalidad, caracterizada por:

  • Divinización del líder
  • Criminalización de la desobediencia
  • Herencia de la culpa
  • Supresión absoluta de la autonomía individual

La llamada culpa por asociación ha sido empleada históricamente en regímenes como el estalinismo soviético, el nazismo y la Revolución Cultural china. En estos contextos, no se castiga el acto, sino la existencia misma.

4. Diferentes rostros, un mismo mecanismo: Rusia, Cuba e Irán

Regímenes autoritarios contemporáneos, como el de Rusia, Cuba o Irán, no se sostienen exclusivamente por ideología o carisma personal. Comparten estructuras de poder con elementos comunes:

  • Control de fuerzas armadas y aparatos de seguridad
  • Eliminación de oposición política efectiva
  • Manipulación del discurso nacionalista
  • Construcción permanente de enemigos externos
  • Reformas legales diseñadas para perpetuar el poder

El líder se vuelve “intocable” no por invulnerabilidad, sino porque el costo individual de desafiarlo resulta psicológica y materialmente insoportable.

5. La repetición histórica del horror normalizado

Los regímenes autoritarios no constituyen una excepción histórica. En la Alemania nazi, millones de personas obedecieron no por monstruosidad moral, sino porque la obediencia se convirtió en una condición de supervivencia.

En la Unión Soviética, la denuncia entre vecinos funcionó como mecanismo de autoprotección. En Camboya, el régimen de Pol Pot exterminó a intelectuales mediante una maquinaria del miedo sostenida colectivamente.

La constante histórica no es la maldad innata del pueblo, sino la normalización progresiva del horror.

6. Aportes de la neurociencia: el cerebro bajo amenaza

Desde la neurociencia, el comportamiento humano bajo regímenes de terror puede comprenderse a partir de mecanismos básicos de supervivencia. El cerebro humano está diseñado para:

  • Buscar pertenencia
  • Evitar el castigo
  • Imitar la conducta del grupo

Cuando una persona vive bajo amenaza crónica, la amígdala —centro del procesamiento del miedo— domina la respuesta conductual, mientras que el córtex prefrontal, responsable del pensamiento crítico y la toma de decisiones morales, reduce su actividad.

En este estado, la prioridad no es la ética, sino la supervivencia.

7. Psicología social y obediencia: por qué los “buenos” no actúan

La psicología social ha demostrado ampliamente que personas comunes pueden participar en sistemas opresivos bajo determinadas condiciones. Experimentos clásicos lo evidencian:

  • Milgram: individuos aplican castigos severos cuando una autoridad lo ordena.
  • Zimbardo: los roles sociales pueden transformar conductas en cuestión de días.
  • Efecto espectador: a mayor número de testigos, menor probabilidad de acción individual.

En regímenes autoritarios, este fenómeno se traduce en silencio colectivo, no por indiferencia, sino por aislamiento psicológico.

8. Autoritarismo sistémico y deshumanización progresiva

El comportamiento observado en estos contextos no constituye una patología psiquiátrica individual. Se trata de un fenómeno colectivo que puede definirse como autoritarismo sistémico con deshumanización progresiva, caracterizado por:

  • Pérdida de empatía institucional
  • Cosificación del ciudadano
  • Uso del sufrimiento como herramienta de control
  • Conversión del miedo en norma social

Estos sistemas no buscan amor ni admiración hacia el líder; buscan inhibir el pensamiento autónomo.

9. Conclusiones: el límite histórico del miedo

Si la mayoría de los seres humanos desea paz, familia y dignidad, ¿por qué el sufrimiento persiste?
Porque la bondad no grita.
Porque el miedo fragmenta.
Porque el poder sin límites se protege a sí mismo.

Sin embargo, la historia demuestra que ningún sistema basado exclusivamente en el miedo es eterno. Caen cuando la conciencia colectiva despierta y cuando pensar deja de dar más miedo que callar.

Cuestionar, reflexionar y no normalizar lo absurdo constituye, en sí mismo, un acto de resistencia.

Y cada vez que alguien se formula estas preguntas, el miedo pierde terreno.